Hubo días en los que la ausencia se sentía más latente, era tanta que hasta se podía cortar con cuchillo. Los pasillos estaban más solos que de costumbre aquí en el asilo Nazareth, los viejitos se sientan tardes enteras a mirar para el páramo porque no hay quien acompañe sus tardes.
¿Cómo es posible que personas que se encargaron de dar vida y criar personas de bien estén ahora sumidos en la soledad de un lugar como estos? que sus familias no separen un tiempo para visitarlos y mínimamente hablarles. La soledad y la tristeza es algo que brota por los ojos, que corre mejillas abajo una vez cada semana. Los domingos usualmente.
En estos días, algunas veces al mes viene Albita, la generadora de sonrisas. Ella, con sus 30 minutos por ocasión roba sonrisas que no tienen ningún precio. Novelas románticas, las favoritas de doña Gloria, historias de acción, el eterno amor de don Jaime, Ciencia y Filosofía, lo más interesante para don Luis y don Antonio. Son muchas las opciones que hay para la lectura dominical.
Todos se reúnen en la sala de conservatorios, sentados todos en mesa redonda Albita empieza la lectura, Acción, ese fue el tema elegido, todos escuchan expectantes por lo que pasará. Unos se ajustan los lentes, otros los audífonos y otros se quedan dormidos debido al efecto de las pastillas y medicamentos.

Cuando finaliza la historia todos aplauden, sonríen de oreja a oreja con esos dientes que parecen perlas, por escasos, pero también por brillantes y genuinos que emanan además de sinceridad, agradecimiento puro.
No sólo lecturas son los medios que utiliza Albita para atentar contra la tristeza de estas personas, también interrumpe la monotonía por medio de baile, mímica, canto y culinaria. 30 minutos no son mucho pero hacen gran diferencia en las personas que requieren de compañía.
Cambiar lagrimas por sonrisas, que mejor manera de pasar los días. Piensa Albita. Darle un motivo de alegría a aquellos que nos dieron más que la vida.
¡Qué bello texto! Sencillamente es un recordatorio para nuestra efímera juventud y vida. Solemos creer en una infinita existencia intentando prolongar la idea de la eternidad que se contrapone al fin de los días que nadie se atreve a reconocer, mas todo el mundo conoce. Creo que ese 'fin de los días' puede llegar incluso que la muerte misma.
ResponderEliminarSería mucho mejor que añadieras en una segunda ocasión la tilde a la palabra 'que' del último párrafo, pues es una oración que expresa alegría y necesita de los signos de exclamación.