domingo, 31 de julio de 2016

SALSA Y TIMBAL


Como algunos saben una de mis pasiones es escuchar salsa y me encanta disfrutar de esos momentos en que puedo sentirla.

Hace un mes me hicieron un regalo, y aunque para muchos sólo era una boleta de un concierto, para mi no era cualquier regalo. La persona que lo hizo entiende, y aunque no comparte, mi pasión por la salsa, por esa mezcla de guaguancó, son cubano, bolero y quizá otros ritmos que ni conozco.

Contaba los días y con cada uno crecía la emoción de saber que podía ver nuevamente (como por novena vez) a uno de esos clásicos de la salsa, el "blanco que canta como negro", ese hombre que pinta con su música y que se caracteriza por su elegancia a la hora de interpretar su propio estilo.

Así que al ritmo de la clave quiero describir un poco como fue ese día


Sábado 30 de julio, 5:00 pm, centro de eventos La Macarena

Aunque ya se encontraban algunas personas en la fila, no eran muchas las que me alejaban de la entrada. Me ubiqué en la entrada que me correspondía y cómo las otras, mal contadas, veinte personas en la fila también estaba esperando impaciente a que el reloj marcara las 6:00 pm; pasaban los minutos y mientras se acercaba la hora de entrada, sentía que en cada uno se iba formando una sonrisa, cada uno se hacía su ambiente y se imaginaban bailando y gozando al ritmo de una "montaña rusa" de canciones, o no sé si sólo era yo que estaba muy emocionada.

En el momento en que empezó a oscurecer se abrieron las puertas, cada quien esperaba su turno y aquellos encargados de recibir las boletas se apresuraban, pues contamos con "mala suerte" y la lluvia no tardó en aparecer. En el momento en que me acerqué para que revisaran mi boleta, intenté actuar como una persona civilizada, pero se me hizo un poco difícil, pues sólo podía pensar en dos cosas: la persona que me acompañaba, por alguna razón había decidido entrar comida en partes que no debían ser requisadas; y estaba a punto de presenciar un espectáculo único a cargo del hombre de la "mala suerte".

Se me hace muy complejo describir lo que siento cada vez que veo a este hombre comerse el escenario, gozar y bailar cada una de sus canciones con la misma energía, hacer que con sus clásicos personas de todas las épocas y clases sociales se reúnan en torno a la salsa y hacernos saber, seguramente a los amantes de la salsa, que no será "La última rumba" que nos vamos a disfrutar con su música. Porque como escuché una vez: "la salsa nació en Nueva York, la cantan los puertorriqueños y la bailan los colombianos"