domingo, 18 de septiembre de 2016

AMOR Y AMISTAD


Sábado, 17 de septiembre 2016 (Día de amor y amistad)


¿Qué tiene de diferente este día al resto de los días? Se preguntaba Lucho recién amanecía. ¿Acaso hoy es el día en el que me reencontraré con el amor de mi vida? ¡Qué va! Ella ya debe ser feliz en otros brazos, mientras yo, sigo acá vendiendo estas flores que para muchos son alegría y reflejo de amor, "ñi-ñi-ñi" ¡Que cursilería por Dios! Se decía a sí mismo mientras ponía un pie en el suelo.

Mientras se preparaba un café, recordaba todas las tardes felices que vivió junto a su amada. Aquellos años en los que su familia apenas crecía y el amor aún les acariciaba la piel en las noches. ¡Carajo! por qué la vida debe ser tan instantánea, ¿por qué no me estrellé antes de que todo simplemente se esfumara? Se daba golpes de pecho al pensar que fue su culpa estar ahí, en un ranchito del barrio Niquitao mientras su amada gozaba, al fin, de un hombre que le daba su lugar y la tenía como prioridad, no como el al que el alcohol le ocupaba todos los puestos en la vida, primero el alcohol, segundo el alcohol, tercero, cuarto y así.

Se organizó y cogió las flores que había dejado en un balde con agua la noche anterior, ¡Vaya dicha la mía pasar amor y amistad vendiendo artículos que enamoran, sintiéndome tan vacío por dentro! Este lucho sí que tenía talento para lamentarse.


Once y catorce de la mañana.           


Ya llevaba Lucho unas cuantas horas de sol bajo el semáforo de la 65 con San Juan, no llevaba ni la mitad de las flores y no entendía cómo podía ser que en el día de mayor demanda, nadie quisiera comprar florecitas.  Dieron las tres y las cuatro de la tarde y nada, lo único que lo visita son esas ganas tan fuertes de comer por que en todo el día no había probado bocado alguno.

Un muy amigo le compartió de la torta de carne que se había conseguido pidiendo en la calle. "Mi Dios se lo pague mijito, andaba pero bien hambreado. Definitivamente esto del amor no es lo mío ni siquiera para relacionarlo con las ventas.

Seis y cuarto. Ya casi termina con las flores, pero el sol ha hecho de las suyas con la piel de su rostro. Tiene aspecto de camarón y hasta se ríe porque detesta los colores del amor y justamente su cara es color rojo corazones ¡Que cacharro!

Ya tenía la intención de retornar a su rancho cuando a lo lejos divisó una muy vieja amiga. Por fin algo bueno me pasa el día de hoy.  ¡Claudia, Claudia! ella volteó y al verlo pegó un brinco. No se sabía cuál de los dos se alegraba más al ver al otro. A Lucho sólo le quedaba una o dos flores y no la pensó dos veces antes de decidir regalárselas a su amiga de toda la vida, ella se sonrojó y se alegró de que el destino volviera a juntarlos, conversaron toda la noche y caminaron por lugares que antes solían recorrer, se tomaron de las manos y con una mirada se contaron todo lo que en los años de ausencia no pudieron decirse.

¡Que cosas las de la vida! Con esa noche Lucho pudo comprender que los errores de la vida no son para lamentarse eternamente y que cada día la vida ofrece alternativas para ver el valor reflejado en cosas sencillas, que el amor no siempre es lo más importante si se deja a un lado la amistad.

2 comentarios:

  1. A veces es tan difícil entender que todo en este mundo es efímero. Las alegrías, las tristezas, el dolor, la pena, incluso la soledad terminan acabándose y volviendo nuevamente. Me alegra que le hayas dado un final feliz a la historia, hubiese sido demasiado trágico terminar un día de manera gris.

    Sugerencia: deberías considerar los guiones como parte del monólogo del señor, creo que resultaría ser un mejor escrito, así todo lector sabría en qué momento interviene el protagonista y en qué momento el narrador.

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